Una acogida que es tarea

Si miramos ahora hacia lo que vivimos en Lisboa, nos vienen recuerdos de encuentros con personas, de no sentirnos solos en esto de ser cristianos y jóvenes, de ver qué hay gente que vive la fe como nosotros y no sólo como este u otro grupo De la Iglesia (también descubrir la riqueza que hay en ellos). Incluso podemos hasta recordar alguna palabra del Papa que nos haya tocado el corazón… pero corremos el riesgo de dejarlo en eso, en un recuerdo, el riesgo de no profundizar en ello, de que el tiempo se lo acabe llevando.

Cabría preguntarse si en medio de todo eso que recordamos como un evento extraordinario que nos ha ayudado a tanto, hemos visto a Jesús. Supongo y espero que sí. Y sería una pena dejar allí en esos recuerdos lo que ha supuesto verdaderamente para cada uno de nosotros encontrarnos con Él (quizá todavía no lo sepamos, o no nos hemos dado cuenta de ese encuentro). Después de estos días de descanso para algunos, de vuelta a la rutina para otros, es hora de empezar a llevar a nuestra vida lo que hemos escuchado y vivido.

Jesús ha querido encontrarse contigo, conmigo. También con aquellos de los que más te has quejado en esos días en Lisboa, con los que peor te han caído. Lo mejor de todo es que se ha servido de mucha gente para llamarte, para llamarme, para llamarlos. Un amigo, tu catequista, un hermano, alguien que ha ido a otras jornadas….

"No estábamos allí por casualidad, no somos cristianos por casualidad"

 

Recuerda eso de que no estábamos allí por casualidad, que no somos cristianos por casualidad y pensemos en todos los momentos de nuestra vida en los que Dios se ha cruzado de manera especial (un retiro, una convivencia, la catequesis de confirmación, un voluntariado, un testimonio, algún hecho en la familia…). Párate y dedica un tiempo a conectar con eso, o quédate con la pregunta para luego.

Ojalá descubramos en esos momentos que Dios nos quiere, que espera una respuesta por nuestra parte, que como nos quiere, como te quiere, desea estar contigo y te llama, nos llama, ¿a qué? A estar con él, a escucharle.

Yo, personalmente he reconectado con Él en estos días y he tomado consciencia de cuáles son aquellas cosas que en el mundo digital y también en el mundo real, me prometen felicidad, comodidad, reputación, aceptación y cariño de los demás… pero que me dejan vacío tras grandes presentaciones y promesas. A eso se refería el Papa cuando nos hablaba de los lobos del comercio, de lo digital, del aparentar, de las máscaras. “Muchas realidades hoy prometen la felicidad (…) nos dejan vacíos por dentro”.

Imagino que, igual que yo he identificado alguno de esos lobos en mi vida, aunque me ha costado, también a ti te pasa igual. Intenta reconectar con ese mensaje del Papa en la Colina do Encontro y explora aquellas cosas que sigues haciendo, justificándote a veces a ti misma, a ti mismo, que te impiden dar una respuesta que te lleve a vivir más acorde con la propuesta del evangelio, aquello que sabes que no es coherente, pero que te dices que no te hace daño, o no daña a los demás, ¡o no es para tanto… Ojo! El objetivo no es obsesionarse con esas cosas ni cambiar todo radicalmente, Dios nos quiere ya, como somos. Pero ojalá reconozcamos esos lobos en nuestra vida y podamos caminar poco a poco por el camino de Jesús. Cambiar o querer hacerlo depende de ti, Él va a estar contigo, Él confía en ti.

Por algo decía el Papa eso de que somos la comunidad de los llamados, no de los mejores. ¡Cuánto nos queda para entender esto! No ser los mejores, no alejarnos del que es “peor” que nosotros, no hacernos poseedores de la verdad o el bien…

Mira en tu experiencia cristiana en estos últimos años, mira como Dios confía en ti,  mira a qué te puede estar llamando.

La vocación no es solo una forma de servir a los demás que vaya acorde a tus gustos, a tus cualidades, que cuadre contigo. La vocación es una llamada y para vivirla hay que escuchar. A veces, al contrario de lo que podemos creer, esa llamada no es cómoda (¡cuántos relatos de vocación en la Biblia comienzan con la negación de la persona llamada!), a veces huimos, nos justificamos, nos alejamos. Tranqui, no pasa nada, no somos los únicos y, lo mejor de todo, Dios no nos juzga… pero ¡Cuánto podemos estar perdiéndonos por nuestros miedos e inseguridades!

"La vocación es una llamada y para vivirla hay que escuchar."

Escucha en tu corazón, quizás Jesús te está llamando. A dar más en tu comunidad, a ponerle a él en medio de tu relación de pareja, a quitar a la productividad y el ganar dinero del primer objetivo vital y poner a él y a los pobres por delante, a cuidar más y mejor a los demás. Y quién sabe si a llevar ese amor de Dios a los demás a través de una familia o incluso dentro de la vida religiosa… estate atento y recuerda que “Dios ama por sorpresa”.

Ojalá sigamos encontrándonos cara a cara con él, escuchándole y poniéndonos en camino.

Si tienes tiempo, mira otra vez los mensajes del Papa llévalos a tu vida, sigue encontrando lo que Dios tiene para ti, sigue descubriendo que Dios te quiere, así, aquí y ahora.

H. Alberto Vizcaya
(albertovr@maristasmediterranea.com)