Stand Marista en la Feria Vocacional: un lugar de encuentro y fiesta

El reto de preparar aquél que sería el stand Marista en la Feria Vocacional de la JMJ de Lisboa nos permitió ser testigos del milagro de cómo un espacio aséptico limitado por tres paredes blancas prefabricadas se convirtió en un espacio tan rico de ENCUENTRO (¡sí, así, con mayúsculas!).

Rápidamente, con la colaboración de muchas manos y corazones, las paredes blancas y el espacio vacío de los stands se cubrió de pancartas, de representaciones de los fundadores Maristas, de violetas, de juegos y, sobre todo, de abrazos, de música y de sonrisas.

Pienso que la primera experiencia de cualquier marista que se acercaba a la feria vocacional instalada en los jardines Vasco da Gama y, en medio de sus calles constantemente pobladas de jóvenes y religiosos de todos los rincones del mundo, se encontraba con la enorme pancarta que atestiguaba “VALE LA PENA SER MARISTA HOY” era la de sentirse identificado. La de sentir que entre la enorme variedad y riqueza de personas que confluían en esas calles durante los primeros días de agosto, los Maristas “aún siendo imperfectos, también somos Iglesia” (Kairoi, 2010).

"sentir que entre la enorme variedad y riqueza de personas que confluían en esas calles durante los primeros días de agosto, los Maristas “aún siendo imperfectos, también somos Iglesia”

Fue una experiencia bidireccional. Por un lado, la enorme riqueza de saber que tenemos nuestro carisma propio, nuestras referencias e historia, pero que pertenecemos a algo que va mucho más allá de lo marista, que somos parte de los que intentan hacer vivo, actual y presente el sueño de Jesús, un mundo de hermanos y hermanas. Somos parte de la Iglesia. Por otro lado, dentro de la pertenencia a la Iglesia Universal, experimentamos que hay un sitio en el que se nos conoce por nuestro nombre, una mesa dónde somos esperados, un hogar donde las relaciones son de tú a tú. De alguna forma, entre la muchedumbre en todas las calles y plazas de Lisboa, el stand se convirtió en un punto de encuentro Marista.

Si significó todo esto para los que ya somos maristas, pienso que el stand marista marcó también a muchos jóvenes que hasta entonces no conocían esta familia religiosa. Aquellos que pasearon por la feria vocacional, se encontraron en el último stand de la Calle Toronto 2002 con una animación que no dejó a nadie indiferente. El stand marista no era el más elaborado, el más bonito y mucho menos el más organizado, pero sí llamaba la atención por el bullicio de Vida que había a casi todas las horas del día. Fue difícil visitar el stand sin encontrarse con alguien bailando, jugando, charlando, cantando, haciendo una fotografía o abrazándose. Me pareció significativo el comentario que escuché cruzándome con dos religiosas. Le decía una a la otra mientras se ponía en puntillas para poder ver: “¿Quiénes son estos que la están liando? Ah, los Maristas, ¡claro!”

“¿Quiénes son estos que la están liando? Ah, los Maristas, ¡claro!”

Además, también en el ad-intra de los que estuvimos esos días animando y dinamizando el stand nos esperaba una experiencia especial. El título “Familia Marista” que encabezaba el stand probó no ser en vano. En cada turno confluyeron en el stand religiosos y jóvenes de las cuatro ramas maristas. Muchos de nosotros experimentamos que al mismo tiempo que dábamos a conocer la Familia Marista a los visitantes, la estábamos conociendo nosotros mismos por hacerlo codo con codo con una hermana, un padre marista o un joven de cualquiera de las cuatro congregaciones. Pienso que los cuatro fundadores, representados juntos en un autobús que sirvió de photocall y pasó por la mano de cientos de jóvenes, estarían muy orgullosos de ver que el sueño que empezó en Fourvière en 1816 siguió tan vivo en Lisboa 2023.

Muchos más matices podríamos añadir a esta descripción del encuentro vivido, como la internacionalidad (en determinado momento ondeaba la bandera de Samoa en el stand, mientras se bailaban bailes africanos y se comunicaba en todos los idiomas) o la intergeneracionalidad.

Pasadas unas semanas de toda esta experiencia, resta la enorme gratitud por todo lo vivido y la certeza de que todos estos encuentros nos ayudaron a cada uno a reencontrarnos, a celebrar, a agradecer y a mimar nuestra propria vocación. ¡Haznos, Señor, caminar por la vida con la ligereza, la esperanza, la alegría y la apertura vivida en esos días!

Ir. zé luís